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Siguiente Estación: Rivadavia

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AGUSTINA PARISE, DE BUENOS AIRES

Muchas veces he escuchado los hechos de la historia, anécdotas y las noticias que reviven los horrores que pasaron en la dictadura. Sin embargo, nunca me detuve a pensar sobre las víctimas y sus familias. Siempre lo vi muy alejado de mí realidad. Tuve la suerte de que nadie de mi familia o de mis conocidos haya sufrido ninguno fue «chupado» y lo veía como algo que había pasado hace mucho tiempo. Pocas veces me detuve a pensar en los jóvenes que estudiaban en la universidad, al igual que yo, y que un día fueron secuestrados o desaparecidos por pensar distinto o mismo por conocer alguien que era supuestamente subversivo.

Desde 2015, cuando empecé a estudiar periodismo, me tomó el tren Mitre para volver a mi casa. Desde Retiro, pasó por Aristóbulo Del Valle, por Belgrano C (la estación donde se sube demasiada gente), luego por Núñez y le sigue Rivadavia. “Estás en la estación Rivadavia” se escucha por los altavoces mientras se abren las puertas. Siempre pienso lo mismo al llegar ahí: “Ya estoy a mitad de camino de casa”. Sin embargo, nunca me detuve a ver los carteles que decoran el andén de la estación de la memoria.

Muchas veces he escuchado los hechos de la historia, anécdotas y las noticias que reviven los horrores que pasaron en la dictadura. Sin embargo, nunca me detuve a pensar sobre las víctimas y sus familias. Siempre lo vi muy alejado de mí realidad. Tuve la suerte de que nadie de mi familia o de mis conocidos haya sufrido ninguno fue «chupado» y lo veía como algo que había pasado hace mucho tiempo. Pocas veces me detuve a pensar en los jóvenes que estudiaban en la universidad, al igual que yo, y que un día fueron secuestrados o desaparecidos por pensar distinto o mismo por conocer alguien que era supuestamente subversivo.

Desde 2015, cuando empecé a estudiar periodismo, me tomó el tren Mitre para volver a mi casa. Desde Retiro, pasó por Aristóbulo Del Valle, por Belgrano C (la estación donde se sube demasiada gente), luego por Núñez y le sigue Rivadavia. “Estás en la estación Rivadavia” se escucha por los altavoces mientras se abren las puertas. Siempre pienso lo mismo al llegar ahí: “Ya estoy a mitad de camino de casa”. Sin embargo, nunca me detuve a ver los carteles que decoran el andén de la estación de la memoria.

En 2014, el Espacio Memoria, el Ministerio del Interior y Transporte y la Dirección Nacional de Promoción de los Derechos Culturales y Diversidad Cultural se inauguró este pequeño homenaje que se le hace a los 30.000 desaparecidos por la cercanía de la estación con la ex Esma, uno de los centros de detención más grandes que hubo durante la última dictadura. Allí hicieron murales y colgaron carteles sobre la dictadura y sus delitos.

Yo ya había ido una vez a la ex Esma, pero no había tenido la oportunidad de ir al Casino de los oficiales, el lugar donde escondían a los detenidos y donde los torturaban. Mientras caminaba por los estrechos pasillos descascarados me pesaba el corazón al pensar que por ahí pasaron 5.000 personas en contra de su voluntad. Ellos fueron forzados a entrar al sótano y yo solo observaba el lugar sin nadie que me apure.

Y así es como, todos los días pasaba yo con el tren, con mis propios problemas y pensamientos, pasando por alto para lo cual se colgaron esos pequeños carteles en las rejas que rodea el andén. La idea es recordar qué les pasó a esas mujeres y esos hombres que fueron perseguidos por el estado. Están para que valoremos la democracia, que constantemente ponemos en duda. Es para que yo como periodista recuerde por qué hay que cuidarla y trabajar para que el estado nunca mas abuse de su poder sobre nosotros, sea con violencia o con corrupción. Como el periodista Rodolfo Walsh, que que fue asesinado el 25 de marzo de 1977 luego de criticar abiertamente a la Junta Militar, dijo una vez: “Creo, con toda ingenuidad y firmeza, en el derecho de cualquier ciudadano a divulgar la verdad que conoce, por peligrosa que sea”.

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